Roma Eterna.
Hoy desayunamos en la terraza del hotel.
Un jardín de cúpulas.
Precioso.
Alrededor se despliegan, sí, las cúpulas de roma. San Pedro asomando al fondo, el castillo Sant Angelo, la cúpula rotunda y notable del panteón, las cuádrigas áureas del monumento a Vitorio Emanuelle y hasta la torre cuadrada de una casa que alguien coronó con un caballino ágil como si algo le faltase a ese cielo romano.
El obelisco de Plaza Navona y la cúpula de la iglesia que conocimos ayer, ornamentada y preciosa.
Nuestro hotel queda a pasos de Plaza Navona y es de verdad lindo.
Se llama Le Antica Dimora de le cinque lune. Es que queda cerca de la Piazza de le cinque lune y han aprovechado la belleza implícita del nombre.
Está decorado como si fuera una escenografía de un tiempo pasado. Empapelado en tonos marrón chocolate, dorados y plateados, con mucha tela brillante, eso sí, perfectamente moderna e italiana. El baño con todo lo nuevo y con el encanto de todas las terminaciones a la italiana. La ducha una preciosura, puro diseño y con el agua que va desde el goteo hasta una aporreadura en forma.
Hasta pantuflas blancas nos esperaban en el baño. Y se sabe que no hay confort commpleto sin unas buenas pantuflas para salir de la cama.
Del viaje en avión les cuento que Air Europa y su air bus 320 dejan que desear en comodidad (bastante apiñado como corresponde a la clase económica) y en comida porque faltó una cena y nos dieron un "tentenpié" como lo llamaron españolísimamente consistente en un sandwich de queso. La compensación fue que el almuerzo había sido asombrosamente sabroso, aunque también muy aeronáutico. Arroz con pollo pero con un sabor buenísimo. La segunda bebida la cobraban y lo que indignó fue que cobraban los auriculares. Todo como para que Aerolíneas Argentinas no quede tan mal en el escenario de los cielos comerciales.
Llegamos a Roma agotados porque en el aeropuerto de Madrid que funcionó como entrada a la Unión Europea nos revisaron hasta los zapatos y llegamos a tomar el avión que conectaba con Fiumicino con los minutos contados. Como en todos los aeropuertos bajamos del avión y arreglate como puedas porque indicaciones verbales poco y nada y la cartelería del montón para abajo.
Igual llegamos preguntándonos como les habría ido a unos señores muy mayores. Mejor que a nosotros resultó, porque nosotros entramos por la parte de atrás del avión y fue un suplicio llegar a la fila 4 (jajaja los distraídos) y allí estaban los "señores mayores " mejores y más rozagantes que nosotros.
Ahora nos vamos al Coliseo. Después les cuento las andanzas de nuestras perdidadas de ayer en Roma (conociendo Roma con el mapa al revés, se llama).
Besos a mami, si lee el blog.
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